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Qué mueve al ser humano

El orgullo y el deseo: los autenticos pecados capitales

Planteamiento del debate

El orgullo y el deseo pueden considerarse como las dos fuerzas primarias más importantes para el análisis de la conducta humana. Presentar brevemente esta tesis (y a la vez poner a prueba su consistencia) es el objetivo esencial del presente debate.

El término "fuerzas primarias" se apoya en la hipótesis de que otras muchas (que también influyen en la conducta humana) pueden ser reducidas a una estructura básica de orgullo y deseo, pero estas dos potencias nucleares no pueden, en cambio, ser reducidas a aquellas.

El orgullo y el deseo Para esbozar la tesis de que los individuos humanos interaccionan entre sí guiados en el fondo por el orgullo y el deseo (que serían, por tanto, las dos fuerzas básicas determinantes de nuestras acciones) necesitamos de entrada precisar el sentido (amplio) que daremos (en el presente debate) a estos términos:

Siempre buscamos lo que nos refuerza, lo que gratifica nuestro yo y nos reafirma en lo que somos: eso, en un sentido genérico, es el orgullo. (Elegimos este término para englobar en él todo un campo semántico que incluye vocablos técnicos y coloquiales, positivos y negativos: narcisismo, seguridad en uno mismo, soberbia, autoestima, fatuidad, egocentrismo, autoafirmación, vanidad, amor propio, fuerza del yo, altivez, ego, arrogancia, prepotencia… Al núcleo de significado común a todos esos términos —que tienen muchos matices diferenciales— es a lo que denominaremos "orgullo". Fuera ya de ese campo semántico, pero muy relacionado con él, se encuentran otros términos como ira o cólera, ambición, dignidad, voluntad…).

También buscamos lo que nos atrae, lo que nos apetece conseguir y nos da placer al conseguirlo: eso es lo que, en un sentido amplio, denominamos deseo. (También ahora elegimos este término para aludir al núcleo común de varios significantes cuyos significados tienen matices muy diferentes entre sí: instinto, pulsión, impulso, tendencia…)

El término "pecado" lo entenderemos (para los fines de este debate) como una referencia hostil a esas grandes tendencias básicas del ser humano (el orgullo, el deseo y lo que de ellos se deriva). La hostilidad se debe a que "pecado" (como, con otros matices, vicio, rebeldía, insumisión, capricho, libertinaje…) es un término que emplean los representantes de las instituciones que intentan controlar, manejar y utilizar al individuo, domesticando para ello su naturaleza profunda (su orgullo y sus deseos): colegios, cuarteles, reformatorios, familias, iglesias, empresas, cárceles, partidos políticos, asociaciones, sectas… Todas las instituciones que (de forma enérgica o suave, educativa o manipuladora) tratan de convertir al Yo orgulloso y deseante en un obediente y humilde cordero al servicio de los Buenos Pastores.

Si esta hipótesis fuese cierta, los famosos "pecados capitales" de la doctrina católica se podrían reducir a estos dos, de la siguiente manera:

  • Soberbia: una de las denominaciones del orgullo exaltado.
  • Gula y lujuria: dos ejemplos paradigmáticos del deseo.
  • Avaricia: afán de acumular medios para gratificar el orgullo y satisfacer el deseo.
  • Pereza: estado transitorio de pasividad que se disfruta cuando se acaba de satisfacer el deseo y no está amenazado el orgullo. Ira: arrebato emocional provocado por una agresión al orgullo o por una frustración del deseo.
  • Envidia: sensación desagradable al observar que otros logran gratificar el orgullo y los deseos que nosotros tenemos insatisfechos.

Claves del debate

1. El ser humano, lo sabemos, es un ser muy complejo. Pero todos deseamos comprendernos mejor, no sólo cada persona a sí misma, sino también a los demás para orientarnos mejor en la vida y tomar mejores decisiones.

2. Una de las preguntas básicas para intentar comprender al ser humano es ¿qué le mueve a actuar? ¿Qué lo motiva? ¿Todas las personas se activan por las mismas razones o cada una tiene las suyas?

3. Estas preguntas adquieren particular importancia en el mundo de la educación, pues los padres y docentes desean mantener viva la motivación del alumnado para continuar aprendiendo y estudiando.

4. Asimismo es vital en el contexto empresarial, que siempre se plantea cómo lograr que los empleados sean activos y corresponsables.

5. El sector de la publicidad y el marketing estudia ampliamente la motivación humana, para acertar a fidelizar a los clientes respecto al propio servicio o producto.

6. El juego político de nuestros días también focaliza las campañas electorales en lo que motiva a los votantes para la elección de un partido, y en ello se centran los eslóganes y frases clave de los discursos.

7. A lo largo de la historia, filósofos y estudiosos han planteado distintas explicaciones sobre la motivación humana. En su mayoría admiten que se trata de un fenómeno complejo. Pero unos insisten más en lo que hay en ella de biológico (pulsiones como hambre, sueño, sexo, necesidad de cobijo…), otros en los aspectos sociales (necesidad de pertenencia, de amor y afecto, de éxito y reconocimiento, de poder y control sobre otros). Alguno teóricos han focalizado sobre todo los aspectos económicos como motor fundamental de la conducta humana (la persona se comporta según su relación con los bienes de producción y se mueve para alcanzar bienestar material y confort). Otros más, en fin, señalan los aspectos espirituales o de autorrealización (necesidad de libertad y autonomía, deseo de conocer e investigar, de crear e inventar, necesidad de sentido).

8. Probablemente cada ser humano se mueva, según los distintos momentos y circunstancias de su vida, por todos estos motivos y otros más, de manera combinada y según su propia personalidad.

9. Hay una evolución de cada individuo en cuanto a los desencadenantes de su conducta. Obviamente no motiva lo mismo a la persona durante su infancia que durante la adolescencia, juventud, adultez y vejez.

10. Los valores que cada cultura propone como importantes en un momento histórico, inciden mucho también en la motivación de las personas. Sólo como un ejemplo, durante siglos el honor fue un valor social de mucho peso como motivador de conductas.

11. La duda planteada en este debate es si todos esos motivos pueden en realidad reducirse a dos básicos, que ya no serían reductibles: el deseo, ampliamente concebido, y el orgullo.

9 expertos en el debate
Propuestas de los expertos. ¿Tú qué opinas?
  1. ¿Aprender a gestionar mis impulsos de poder?

    Opina 88%No12%8 opiniones

    1. Jorge  Ubeda
    2. Enrique  Baca Baldomero
  2. ¿Enseñar a los niños a gestionar el deseo y el orgullo?

    Opina 75%No25%8 opiniones

    1. Carmen Martínez González
  3. ¿Creer que el orgullo es siempre negativo?

    Opina 33%No67%9 opiniones

    1. Leticia Soberón
    2. José Lázaro
  4. ¿Regañar a mi hijo si pierde un partido por no esforzarse?

    Opina 43%No57%7 opiniones

      Cuando los niños no se esfuerzan al máximo en una competición deportiva y acaban perdiendo, y los padres desde la grada han visto que no ha luchado por el partido, se preguntan si será conveniente hacérselo saber al hijo con una regañina o el que no se esfuerce no es motivo de enfado.

  5. ¿Expresar el deseo sin imponerlo?

    Opina 67%No33%3 opiniones

      A veces el deseo sexual parece imperar sobre las demás vivencias y se corre el riesgo de avasallar a la propia pareja sin considerar su momento y su disposición. El asunto es cómo gestionar ese impulso interior en diálogo humano con uno mismo y con los demás.

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