En relación a la decisión ¿Leer críticas de libros? esta es una opinión de Juan Malpartida
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Juan Malpartida
- Crítico literario
Esta es mi opinión de experto
Todo lector, y el crítico como lector hiperactivo, es un momento de la creación del libro. Como un comensal que se sienta a la mesa para dar buena cuenta de lo que haya.
La crítica literaria es una conversación que a veces sólo podemos mantener a solas, quizás porque la obra o las obras nos reclaman desde su silencio, de manera exclusiva, incitándonos nuevamente a la relectura: volver al libro al texto, a ese momento en que nuestra imaginación y nuestra identidad se ven desafiadas en sus acomodos. Este es el acto activo del la lectura.
Para mí la crítica es el resultado de una experiencia que puede habernos transformado (somos por un momento Edmond Dantés, Robison Crusoe o Sherlock Holmes, somos el poema amoroso de Lope o la ensoñación de Nerval) y supone la proliferación de palabras sobre un texto (la obra que suscita el comentario) que, siendo originario, no lo es del todo porque su ser consiste en ser literatura: un mundo de signos hecho de muchos mundos.
Si he unido la crítica a la conversación es porque creo que no se entiende dicha tarea sin la presencia de los otros. Mucho más que la creación artística, que necesariamente ha de estar pendiente de su propia lógica, la crítica supone, más que un lector, un oyente, alguien que está cerca de nosotros y que, por un momento, presta atención a aquello que tratamos de contar y explicar. Casi siempre ese oyente comienza por ser uno mismo.
Todo lector, y el crítico como lector hiperactivo, es un momento de la creación de libro. También es cierto que en ocasiones el crítico es un momento de la destrucción de la obra, porque ha habido en esta tarea, como en otras de otras de órdenes distintos, excesos ideológicos, morales y religiosos.
Todos hemos oído decir a algunos críticos que no quieren saber nada de los críticos, porque lo único que interesa es la obra, o aduciendo que esos personajes, algo ergóticos, son en realidad unos parásitos. Baudelaire, que era alguien roído ya por la modernidad, dijo que todo verdadero poeta era por naturaleza un crítico. Pero a veces los autores (por ejemplo, novelistas muy marcados por el “realismo”, o bien poetas místicos) creen que el libro coincide consigo mismo y que sólo necesitan al lector “natural” para ser. Es decir, el libro es en estos casos como “la vida misma” que un lector no crítico puede recorrer como si diera un paseo por el campo. En realidad, ese tipo de escritor que desdeña la crítica, sea o no bueno en lo suyo, está necesitado de algo, algún sentido le falta.
En cuanto al parasitismo de la crítica, su dependencia del cuerpo vivo de la obra, creo que hay en ello algo de verdad, pero es que todos somos unos parásitos de una vida que no termina de revelarse. El término parásito significó originariamente, en griego, comensal. El crítico, como el lector, es, ciertamente, un comensal, alguien que se sienta a la mesa para dar buena cuenta de lo que haya: su almuerzo supone una metamorfosis de la que, en ocasiones, habrá de responder durante toda su vida. Y a veces, con su vida.
Una mente afinada y lúcida (Cervantes, Borges) sabe que toda lectura, siendo radicalmente necesaria para la existencia de la obra, nunca llegará al final de lo que lee, nunca dirá la última palabra de ese libro.
