En relación a la decisión ¿Renunciar a mi identidad individual para integrarme en una identidad colectiva? esta es una opinión de Francesc Torralba

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Esta es mi opinión de experto

Hay que diferenciar entre la identidad del yo y la del yo en relación con su grupo. Vargas Llosa cree que la primera es libre y la segunda, impuesta: identificar yo y grupo aliena el yo. En mi opinión es al contrario: la identidad colectiva es más libre que la identidad personal.

Parto de la idea de que la defensa de una identidad colectiva no significa la defensa de un colectivismo yuxtapuesto ni, menos aún, de un conglomerado alienador. El colectivismo es una forma de nosotros en la que el yo se disuelve en el todo y pierde sus propiedades individuales.
La comunidad, en cambio, no significa la negación del yo, sino la interrelación entre el yo y el tú. Vargas Llosa considera que la identidad colectiva es algo impuesto, mientras que la identidad personal es algo escogido, el resultado de la libertad de la voluntad.
También nos parece que en este aspecto su veredicto es desacertado. Partimos de la idea de que cada yo tiene la libertad de adherirse a una u otra identidad colectiva. No creemos que se nazca predeterminado a ser español o a ser cristiano o a ser budista, sino que el yo tiene la capacidad para discernir críticamente a qué identidad colectiva quiere pertenecer.
El hecho de nacer en un determinado lugar no imprime necesariamente el carácter. Se es catalán no por el mero hecho de haber nacido en Cataluña, sino por el deseo de formar parte de esta identidad colectiva. De hecho, hay personas que han nacido y no se sienten catalanes, y por otra parte, hay personas venidas de fuera —los otros catalanes, como les llamó Francesc Candel— que se sienten identificadas con esta comunidad nacional.
Pero no creo que la pertenencia a una identidad colectiva se deba entender con términos de imposición, sino todo lo contrario. A quienes formamos parte de una identidad vulnerable, nos duele que nos identifiquen con un pueblo que no es el nuestro, con una comunidad que no tiene nada que ver con lo que nosotros somos. Somos los primeros en criticar la imposición de identidades colectivas, precisamente, porque hemos sido víctimas a lo largo de la historia.
No creemos que la identificación con una identidad colectiva tenga, como consecuencia, la reducción del yo a un epifenómeno de aquella identidad. Existen muchas formas distintas de pertenecer a una identidad colectiva. Es un simplismo contraponer la identidad personal y la identidad colectiva.
Contrariamente a lo que dice Vargas Llosa, hay muchos aspectos de la propia identidad personal que no son escogidos, como, por ejemplo, la condición sexual, el grupo étnico, la inteligencia, la emocionalidad o el sentido del humor.
En cierta forma, la adscripción a una determinada identidad colectiva es más libre que la génesis de la propia identidad personal. Debemos tener en cuenta, además, que el hecho de que el yo pertenezca a una identidad colectiva puede tener aspectos muy creativos en su desarrollo personal.
Seguramente figuras como Sigmund Freud, Franz Kafka, Edith Stein o Albert Stein habrían sido diferentes si no hubieran formado parte de la identidad colectiva del pueblo judío.
 

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